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WILLIAN FREDY PALTA VELASCO

CIUDADANÍA: PARTICIPACIÓN Y COMPROMISO DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL [1]

CIUDADANÍA: PARTICIPACIÓN Y COMPROMISO DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL [1]

 

Willian Fredy Palta Velasco

La muerte de una niña, de un niño, siempre es desproporcionada. Llega atropellando y destruyendo todo lo cercano. Pero cuando esa muerte es sembrada y cultivada por la negligencia y la irresponsabilidad de gobiernos que han convertido la ineptitud en negocio, algo muy profundo se sacude en el corazón colectivo que abajo hace andar la pesada rueda de la historia.

Carta al Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio. 

Subcomandante Marcos- EZLN.

 

La ciudadanía es el desafío moral de la sociedad, por eso dirigir esta reflexión a ese bello público de almas juveniles, que anhelan  superar la realidad de miseria, opresión, violencia es una exigente tarea, porque implica ofrecer posibilidades sobre la responsabilidad de asumir el noble ejercicio de la política (Cfr. Dussel E. , 2006)  desde alternativas novedosas, justas  que promocionen sentidos de humanidad y potencialice el desarrollo de capacidades. Por tal motivo en la presente reflexión se pretende abordar la ciudadanía como una obligación ineludible en las nuevas generaciones provocando transformaciones sociales, es por esto que la participación es la condición esencial como expresión del compromiso ético de construir una nueva sociedad.

1.      El poder político como expresión de participación comunitaria. 

 Pensar en la ciudadanía obliga a considerar el ejercicio del poder político y esto a su vez a repensarla, no como ejercicio fetichizado de dominación, sino como posibilidad de desarrollo de la vida humana en plenitud. Una de las dificultades que se evidencia frente al compromiso político es la asimilación que se hace de esta práctica como ejercicio de corrupción. No se puede negar que durante décadas hemos sido víctimas de una práctica política que desfigura su sentido y condena a millones de seres humano a la miseria y la muerte. Basta con abrir las páginas de los periódicos para encontrar noticias supremamente dolorosas que nos hace perder la fe en emprender cualquier actividad política. Sin embargo, hay que volver la mirada sobre el sentido de lo político, hay que repensarla desde una dinámica diferente, desde alternativas que no sólo busquen el beneficio de los que se lucran de la pobreza ajena, sino de posibilidades comunitarias de satisfacción de las necesidades de la comunidad.

 El poder político debe pensarse  como el ejercicio supremo de la soberanía de la comunidad política, en otras palabras es la expresión de la voluntad comunitaria que aunada por el consenso orienta sus acciones hacia un horizonte de sentido que posibilite el desarrollo de la vida humana. Es así que el poder es de la comunidad y esta lo delega en el representante. (cfr. Dussel E. , 2009) La comunidad no  puede ceder, ni renunciar al ejercicio del poder, porque esto sería renuncia a su voluntad, lo que la dejaría en situación de muerte.  Reitero el poder supremo y soberano es de la comunidad, esto implica que para que la política tenga un ejercicio adecuado y no se deforme se necesita que la cada uno de los miembros de la comunidad participen en la decisiones que se toman, esto es la ciudadanía (Palta Velasco, 2011)

 La ciudadanía, entonces, no es otra cosa diferente a la participación activa, consciente y real de cada uno de los miembros de la comunidad. Sobre nuestros hombros recae la responsabilidad de un poder democrático. Si la comunidad renuncia a este deber, ella no solo es cómplice de la corrupción, sino que ella misma es corrupta. Asumir la ciudadanía es participar, esta es la única manera de superar los altos índices de corrupción política que observamos en la cotidianidad. La apatía, el desinterés y autismo político es el alimento del corrupto. Que miedo más grande para el representante corrupto que una comunidad consciente, crítica y participativa. Alejarme de toda forma de participación política es contribuir a la sociedad necrofílica que juega con los sueños de los niños y jóvenes. 

 La juventud del nuevo milenio tiene en sus manos la responsabilidad de asumir el poder político no como dominación, sino como ejercicio democrático, que reconoce el lugar del Otro y la importancia en la construcción de una nueva ciudadanía. Es la hora de los movimientos sociales que gestan transformaciones, por eso por encima de los colores y la banderas partidistas que han dividido el mundo con ideologías vacías de sentido político comunitario, ésta  la voluntad de vivir con plenitud, de desarrollar la vida que consideramos valiosa en unidad fraterna, solidaria, y comunitaria que lucha por la reivindicación de las necesidades de las comunidades.

 

 2.      La ciudadanía como compromiso de liberación

 Ser ciudadano es tener dolor de humanidad, es leer la realidad desde la otredad. No es lugar cómodo del estancamiento de la conciencia que no se atreve a cuestionar, ni a pensar. Pensarse como ciudadano, es pensarse como ser conflicto, no como estado de beligerancia, sino como  el evitar el acomodo frente al dolor ajeno. La ciudadanía es una praxis ética de indignación frente al sufrimiento, la pobreza y  la miseria; es un rechazo absoluto a la injusticia que genera dominación, opresión y muerte (cfr. Dussel E. , 1998). Ser ciudadano es asumir un compromiso de transformación  fruto del dolor de humanidad y la indignación de ver al hermano que sufre a causa de una sociedad mercantilizada, indiferente y egoísta.

 La ciudadanía no se puede reducir al obtener una cédula que nos permite ingresar a sitios antes restringidos para quienes son menores de edad, sino que es una actitud ética de compromiso social, de gestar cambios sencillos pero profundos. Ser ciudadano es una lucha permanente de liberación de las ataduras y sistemas de  dominación erótica, pedagógica, económica y política (cfr. Palta Velasco, 2011). Es la formación de la conciencia crítica, que lee el mundo y trasciende los eufemismos que disfrazan la realidad. Es la gesta que moviliza la comunidad hacia el horizonte de sentido y que labora por un mundo mejor.

 La conciencia ciudadana nos permite fortalecer la unidad porque nos saca de nuestro individualismo mercantil, intelectual, económico y nos vincula con el Otro hacia la  consolidación de un proyecto de país a partir del reconocimiento de nuestro lugar y el valor de nuestra participación. Ser ciudadano es la mano que se extiende para estrecharla hacia aquellos que luchan por un mundo más justo, solidario y fraterno. La conciencia ciudadana nace de la lucidez que ganamos al saber que el poder es nuestra facultad fundamental como comunidad de la brota todo ejercicio delegado del poder (Ver. Saramago, 2010).

 El compromiso de transformación como praxis de ciudadanía es un ejercicio de cotidianidad, no se puede confundir con la expresión folclórica de masas políticas que con grandes algarabías, quieren manifestar poder y grandeza. La ciudadanía es más que eso, es la acción simple del ser humano que entabla vínculos democráticos a partir del consenso, el reconocimiento y la participación (cfr. Palta Velasco, 2011). Es aquel hombre que con su trabajo honesto aporta el pan a sus  hijos; es la mujer que con valentía se sacrifica por educar a sus muchachos. Ciudadano es el ejecutivo que su corporación  no es sólo el lugar de producción económica, sino el espacio para el desarrollo de proyecto de vida. Ciudadano es el representante que asume su vocación de funcionario  público como una responsabilidad delegada por la comunidad. Ciudadano es ser consciente de mi lugar en la democracia no como elector autómata,  sino como agente de transformación.

3.      A manera de conclusión: proclama por una ciudadanía critica, justa y transformadora.

La comunidad política pide urgentemente cambios en la configuración de su estructura social, estamos cansados de muertes de niños y jóvenes por una guerra fratricida que no causamos, pero que padecemos. Estamos cansados del ver el sufrimiento de los padres y madres por sus hijos que mueren sin razón, ni sentido. Estamos cansado de la corrupción política que roba sueños e ideales: Nos duelen las lágrimas del campesino que reclama  con justicia el trabajar su tierra;  nos duele los  millones de niños sin escuela; sentimos en nuestras calles el dolor del desplazamiento y del desempleo. Sentimos el hambre del hermano que camina a nuestro lado, por eso decimos hoy ¡BASTA! Y lanzamos de este espacio una proclama que recorra cada rincón de nuestra tierra, que penetre con el aire a cada pulmón y vibre con sangre en cada corazón. Lanzamos una proclama  que reclame el justo derecho de vivir en plenitud en nuestra tierra, con nuestros hermanos, por eso hoy alzamos la voz al unísono, para gritar  que:

Renunciamos a toda forma de violencia, opresión y miseria que condena al hermano.

Rechazamos toda forma de dominación, que impide al espíritu humano volar con libertad.

Renunciamos a toda forma de corrupción que siembra muerte y desolación.

Rechazamos todo consumismo que reduce todo al egoísmo.

Y asumimos un compromiso por mi tierra latinoamericana desde La Patagonia hasta el Rio Bravo, por su pulmón amazónico, por su pampa Argentina. Por sus andes nevados, por su piel indígena, por su pueblo multicolor, por su hermandad latinoamericana, por mi pueblo colombiano, por su construcción como un pueblo justo, fraterno y solidario, porque nosotros hoy  hemos tomado conciencia que:

-          Somos jóvenes agentes de cambio y gestaremos la transformación social.

-          Somos dueños de nuestra historia y construiremos el futuro.

-          Somos ciudadanos de nueva humanidad y hemos decidimos la vida, la justicia y la paz

-          Somos comunidad juvenil luchando por el porvenir.

-          Somos conciencia crítica, activa y participativa

-          Somos la lucidez e irradiaremos el mundo con sensatez.

 

Porque somos la nueva ciudadanía crítica, justa y transformadora.

 

 Bibliografía

Aguirre Rojas, C. A. (2009). Mandar Obedeciendo: las lecciones politicas del neozapatismo Mexicano. Rosario-Argentina: Prohistoria Ediciones.

Dussel, E. (2006). 20 Tesis de Politica. México: Siglo XXI.

Dussel, E. (1998). Ética de la liberacion en la Edad de la globalizacion y de la Exclusión. México: Trotta.

Dussel, E. (2011). Filosofía de la liberación. México: Fondo de cultura económica.

Dussel, E. (2009). Política de la Liberación. II Volumen Arquitéctonica (Vol. II). Madrid: Trotta.

Freire, P. (2010). ¿Extensión o comunicación? Montevideo: Siglo XXI.

Freire, P. (1985). La educación como práctica de la libertad. Mexico: Siglo XXI.

Freire, P. (2011b). Pedagogía de la esperanza. México: Siglo XXI.

Freire, P. (2005). Pedagogía del Oprimido. México: Siglo XXI.

Galeano, E. (1971). Las Venas Abiertas de América Latina. México: siglo XXI.

Laclau, E., & Mouffe, C. (2010). Hegemonía y estrategia socialista. Hacia Una radicalización de la democracia. Argentina: Fondo de Cultura Eacnómica.

Menchú, R. (1985). Me llamo rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. siglo XXI.

Palta Velasco, W. F. (2011). El consenso fruto de la participación y el reconocimiento: fundamento del principio democrático. En XVI Congreso Internacional de Filosofía (págs. 1242-1261). México: AFM.

Saramago, J. (2010). Ensayo sobre la Lucidez. Bogotá: Nomos Impresores.

Sartori, G. (2003). ¿Qué es la democracia? México: Taurus.

Zuleta, E. (1995). Educación y Democracia. Cali: Fundacion Estanislao Zuleta .

 [1] Texto elaborado para  el primer foro juvenil “Si nacimos pa Semilla- porque ser joven si aguanta” Organizado por la regional de Fe y alegría. Barranquilla y Santa Marta. El día 21 de Noviembre de 2013.

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