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WILLIAN FREDY PALTA VELASCO

Pedagogía

SER MAESTRO (A): VOCACIÓN QUE SE ASUME CON EL ALMA

SER MAESTRO (A):   VOCACIÓN QUE SE ASUME CON EL ALMA

SER MAESTRO (A):

 VOCACIÓN QUE SE ASUME CON EL ALMA

Willian Fredy Palta Velasco

 

La práctica educativa (…) es algo muy serio. Tratamos con gente, con niños, adolescentes o adultos. Participamos en su formación. Los ayudamos o los perjudicamos en esta búsqueda. Estamos intrínsecamente conectados con ellos en su proceso de conocimiento. Podemos contribuir a su fracaso con nuestra incompetencia, mala preparación o irresponsabilidad. Pero también podemos contribuir con nuestra responsabilidad, preparación científica y gusto por la enseñanza, con nuestra seriedad y nuestro testimonio de lucha contra las injusticias, a que los educandos se vayan transformando en presencias notables en el mundo.

Pablo Freire

Cartas a quien pretende enseñar

 

La vida es un constante caminar lleno de cambios y transformaciones hacia un horizonte de sentido y es a esto lo que llamamos aprendizaje; quienes hemos escogido la noble vocación de ser maestros (as) asumimos la vida con alegría, esperanza y amor, entregando toda nuestra existencia por una causa, por un anhelo, por un sueño que se gesta, crece y alberga en nuestros corazones;  es por esto que hemos aprendido a ver la vida de otra forma, desde otros lugares,  hemos aprendido a ver “lo esencial, que es invisible a los ojos”. Hemos comprendido la existencia de una forma tan singular, casi incomprensible a otras profesiones.

 Ser maestro (a) es asumir un estilo de vida, un ethos, que configura nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Afrontamos la incertidumbre de la existencia como la aventura donde nuevas realidades nos sorprenden y dejan perplejos. Esto implica la capacidad de abrir nuestra mente y corazón a mundos de innumerables posibilidades, donde la inconmensurabilidad de la vida nos confronta, y moviliza a leer el mundo con otra actitud, otro sentido ydescubrir otros lugares y caminos inciertos donde pocos son capaces de recorrer, exigiendo desplegar el amor que comprende, repara y anima. 

Ser maestro (a) no es cuestión de transmisión de conocimiento, sino de compartir la existencia;  es una experiencia no tanto epistemológica, sino vital; no es una cuestión de información, sino de sabiduría; no es una cuestión de ciencia, sino de amor. Asumir la vocación de maestro (a) es comprometerse en un proyecto de caminar hacia un horizontes de humanidad que trasciende la estructurarígida y reduccionista del adoctrinamiento y dogmatismo epistemológico, moral y político, convirtiéndosela educación en una apuesta que se renueva porque es viva, dinámica y transformadora. La educación para el maestro (a) es, entonces, una mediación de la sensibilidad, la misericordia y la proximidad como espacios para encontrar vínculos afectivosque hagan posible nuevas relaciones en un entramado cósmico, social y pedagógico. 

Quienes vivimos hoy el aprendizaje desde el lugar de ser maestro(as) renunciamos a la pretensión narcisista del autoritarismo cargado del terrorismo epistemológico, para abrirnos al despliegue de la vida en el encuentrofraterno, comunitario y espiritual.  Nuestrodesafío de ser maestros (as) es  asumir la actitud de discípulo que escucha, dialoga,estableciendo nuevas relaciones cercanas, solidarias y comunitarias donde la relación fragmentada, distante maestro y estudianteda lugar a la relación vinculante, implicadade maestro-estudiante, asumiendo el aprendizaje como una experiencia vital que emerge de las relaciones vinculantes de proximidad.

 Estamos llamado a generar nuevos espacios pedagógicos desde el co-razón para que el aprender sea una experiencia alegre, placentera, con sentido de humanidad;ésta no es una tarea fácil, al contrario, es una misión titánica, exigente y comprometedora,aúnmás frente a las diversas situaciones que acontecen en nuestra cotidianidad educativa, por eso requiere de laterca esperanza que solo habita en el alma del maestro(a) que cada día a pesar de las vicisitudes se levanta con la sonrisa en sus rostros y la alegría en sus ojos  que animan y recrean el sueños de las almas infantiles y los anhelos juveniles de una nueva humanidad.

 Nuestra sociedad se sostiene gracias a la entereza de los maestros y maestras que inclusos en los escenarios más violentos de la guerra y destrucción sembramos semillas de amor y reconciliación. Ser maestro (a) es una vocación que se vive con el alma porque se ha asumido una causa que de manera quijotesca realizamos cada día, en cada lugar, en cada rincón donde se nos necesita.

A todos los maestros y maestras que compartimos la aventura de amar, soñar y vivir con la esperanza de nueva humanidad, mi admiración, respeto y cariño pordarle sentido a construir cada día una nueva humanidad.

 

Mayo  de 2016  

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EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA: UNA APUESTA PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA: UNA APUESTA PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL

 

En el momento actual, es necesario revisar el contenido y los métodos de la educación para la ciudadanía y orientarlos hacia el desafío de una formación de ciudadanos demócratas capaces de definir nuevas fórmulas de cohesión social que posibiliten “vivir juntos”

Gloria Pérez Serrano

Pedagogía Social

La ciudadanía se ha constituido en las últimas décadas en una preocupación para la investigación ética y política, en la que la educación no puede desligarse de su compromiso social, lo que implica pensar su lugar en la reconstrucción del tejido social; en la promoción del bienestar; en la consolidación de una cultura de los Derechos Humanos y en la humanización como criterios de acción que corresponde a su responsabilidad  ética-política. Por lo tanto, en la presente reflexión se pretende abordar la educación para la ciudadanía, como el agente dinamizador de procesos democráticos, fruto del empoderamiento de la conciencia  y la reflexión crítica de la realidad sociopolítica. Para tal propósito transitaré por dos momentos específicos: la educación como praxis política y la ciudadanía como agencia transformadora, que nos lleva a concluir que la educación ciudadana es un camino de transformación.

 

1.       La educación como praxis política

Afirmar que la educación es una praxis política, exige configurarla desde una dimensión ética (ethos) que otorgue un carácter distintivo. La educación debe renunciar a pensar en prácticas educativas lejos de toda conexión y reflexión política y de una unión solo discursiva, pero distante de su quehacer. La educación como praxis política implica asumir una postura clara, coherente y radical frente a la problemática social que impide al ser humano vivir con dignidad, en este sentido Torres va afirmar que “toda práctica educativa es política, así como la práctica política es educativa. Las prácticas educativas siempre son políticas porque involucra valores, proyectos, utopías que reproducen, legitiman, cuestionan o transforman las relaciones de poder prevalecientes en la sociedad; la educación nunca es neutral, está a favor de la dominación o de la emancipación” (Torres, 2012, pág. 2).

 

La educación, entonces, no es neutra, debe  tomar, radicalmente, distancia de otras apuestas pedagógicas, que legitiman una práctica política  basada en la economía de mercado y disfrazadas de propuestas seudo-democráticas, que amenazan la vida y conculcan la dignidad humana. Es por esto, que una educación política (que no debe confundirse con tomar la educación para hacer proselitismo) requiere orientarse desde algunos lineamientos como: i) tener conciencia de las víctimas y procurar la superación de sus negatividades;  ii) una educación  crítica y humanizadora, que se presente, siguiendo a Freire (2005),  como superación de la educación bancaria; iii) una educación  que se indigne frente al dolor, el sufrimiento y la injusticia porque “la escuela está viva, es un buen lugar para la resistencia y la construcción” (González, 2005, pág. 48) Todo esto significa que una educación política es ante todo democrática, porque le apuesta a la participación simétrica. Desconocer el carácter político de la educación es renunciar a la posibilidad de transformación y liberación, es no asumir la responsabilidad de superar lo ejercicios deformados del poder como dominación, renunciar hoy a esta dimensión de la educación es  renunciar a la apuesta de ciudadanía.

 

2.       La ciudadanía como agencia transformadora

Hablar de ciudadanía es necesariamente referenciar la política desde una práctica esencialmente democrática, a partir de la aplicación de criterios que permitan obrar con pretensión de justicia (cfr. Dussel, 2009) en este sentido, ser ciudadano es un compromiso ético y moral,  procurar actuar desde el reconocimiento y la participación simétrica  de todos los actores de la comunidad política, como agentes necesarios para alcanzar consensos legítimos (Cfr. Palta, 2011). Esto requiere reconocer la dimensión esencialmente comunitaria de la ciudadanía que obliga establecer relaciones de proximidad. Siguiendo esta idea comprendo el ejercicio de la ciudadanía como agencia, es decir, la capacidad de gestar un tipo de sociedad que se considere valiosa.

 

Renuncia a la responsabilidad que implica la ciudadanía es no participar en la construcción de una sociedad que permita el desarrollo de la vida en las condiciones, éticas, sociales, económicas y políticas que consideremos valiosas, es decir impedir “el ejercicio de ―libertades fundamentales de que disfruta para llevar el tipo de vida que tiene razones para valorar”‖ (Sen, 2009, pág. 114). La ciudadanía, entonces, se comprende  como un compromiso por la Otredad (alteridad) que obliga negar toda negatividad, que impide a la vida humana desarrollarse plenamente, es por esto que la ciudadanía es una apuesta de transfornación social, un compromiso de reivindicación de la condición de víctima, como fruto de su concientización

 

La ciudadanía lleva implícito una actitud de defensa y cuidado de la vida frente a posturas, que le ponen en riesgo y le amenazan con su destrucción permanente, es el llamado como lo plantea Dussel “por la producción, reproducción y desarrollo de la vida humana concreta de cada sujeto ético en comunidad (Dussel E. , 1998, pág. 91) lo que obliga moralmente al ciudadano a transformar ese sistema de cosas que hacen inhumano el proceso político, que quita toda aspiración al deseo y a la inquietud humana.

 

3.       La educación ciudadana es un camino de transformación

Siguiendo el recorrido hecho hasta aquí nos lleva a manera de conclusion afirmar que la educación ciudadana, en cualquier nivel de formación, es un camino que posibilita transfornación social, por lo que la educación para ciudadanía debe propender por ciudadanos críticos, activos, que procuren procesos de emancipación. En este sentido, la ciudadanía implica una conciencia crítica y un compromiso de participación, exigiendo comprender la importancia de la educación para la ciudadanía para gestar las movilizaciones sociales, tal como lo afirma Freire “la ciudadanía no llega por casualidad: es una construcción que, jamás terminada exige luchar por ella, exige compromiso, claridad política, coherencia, decisión. Es por esto mismo, por lo que una educación democrática no se puede realizar al margen de una educación de y para la ciudadanía (…)(Freire, 2004, pág. 133).

Esta educación para la ciudadania es una dimensión ética y política de la escuela (desde el pre-escolar hasta los estudios de doctorado) más que una práctica académicista de cursos y materias.  Esto es que la educación ciudadana trasciende los ejercicios de competencias ciudadanas, los cursos de urbanidad, civismo y más, que sin un carácter propiamente democrático y  participativo son activismos pedagógicos que degastan el sentido mismo de la ciudadanía, al respecto Freire afirma: “He aquí una de las tareas de la educación democrática y popular, de la Pedagogía de la esperanza: posibilitar en las clases populares el desarrollo de su lenguaje, nunca por el parloteo autoritario y sectario de los “educadores”, de su lenguaje que, emergiendo de su realidad y volviéndose hacia ella, perfile las conjeturas, los diseños, las anticipaciones el mundo nuevo. Ésta es una de las cuestiones centrales de la educación popular: la del lenguaje como camino de invención de la ciudadanía (Freire, 2011b, pág. 59).

Finalmente, entre los retos de la educación ciudadanía que configuran su carácter ético- político, está el propiciar espacios para encuentros dialógicos, participativos, rompiendo con toda asimetría pedagógica. Es permitir la expresión de una “palabra” crítica, abierta, participativa y transformadora, es decir, que debemos apuntarle a una educación ciudadana que empodere a las personas y les movilice a liberarse de su condición de víctima. Una educación ciudadana no está solamente enfocada a la formación de profesionales en serie, sino en agentes constructores de sociedades fraternas, solidarias y pacíficas, donde la vida pueda ser posible.

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Dussel, E. (1998). Ética de la liberacion en la Edad de la globalizacion y de la Exclusión. México: Trotta.

Dussel, E. (2001). Hacia una filosofía política crítica. España: Desclée de Brouwe rS.A.

Dussel, E. (2009). Política de la Liberación. II Volumen Arquitectónica (Vol. II). Madrid: Trotta.

Freire, P. (2010). ¿Extensión o comunicación? Montevideo: Siglo XXI.

Freire, P. (2011b). Pedagogía de la esperanza. México: Siglo XXI.

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI.

González, G. (2005). Infancias. Imagenes de la sociedad. En I. Dussel, & S. Finocchio, Enseñar Hoy: Una introducción a la educación en tiempo de crisis (págs. 41-48). Buenos Aires: Fondo de Cultura económico.

Palta Velasco, W. F. (2011). El consenso fruto de la participación y el reconocimiento: fundamento del principio democrático. En XVI Congreso Internacional de Filosofía (págs. 1242-1261). México: AFM.

Pérez Serrano, G. (2009). Pedagogía Social. Construcción científica e intervención práctica. Madrid: Narcea.

Sen, A. (2009). Desarollo y libertad. Bogotá: Planeta.

Torres Carrillo, A. (s.f). www.pedagogica.edu.co/storage/ps/articulos/pedysab04_05arti.pdf. Recuperado el 30 de Mayo de 2013

CIUDADANÍA: PARTICIPACIÓN Y COMPROMISO DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL [1]

CIUDADANÍA: PARTICIPACIÓN Y COMPROMISO DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL [1]

 

Willian Fredy Palta Velasco

La muerte de una niña, de un niño, siempre es desproporcionada. Llega atropellando y destruyendo todo lo cercano. Pero cuando esa muerte es sembrada y cultivada por la negligencia y la irresponsabilidad de gobiernos que han convertido la ineptitud en negocio, algo muy profundo se sacude en el corazón colectivo que abajo hace andar la pesada rueda de la historia.

Carta al Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio. 

Subcomandante Marcos- EZLN.

 

La ciudadanía es el desafío moral de la sociedad, por eso dirigir esta reflexión a ese bello público de almas juveniles, que anhelan  superar la realidad de miseria, opresión, violencia es una exigente tarea, porque implica ofrecer posibilidades sobre la responsabilidad de asumir el noble ejercicio de la política (Cfr. Dussel E. , 2006)  desde alternativas novedosas, justas  que promocionen sentidos de humanidad y potencialice el desarrollo de capacidades. Por tal motivo en la presente reflexión se pretende abordar la ciudadanía como una obligación ineludible en las nuevas generaciones provocando transformaciones sociales, es por esto que la participación es la condición esencial como expresión del compromiso ético de construir una nueva sociedad.

1.      El poder político como expresión de participación comunitaria. 

 Pensar en la ciudadanía obliga a considerar el ejercicio del poder político y esto a su vez a repensarla, no como ejercicio fetichizado de dominación, sino como posibilidad de desarrollo de la vida humana en plenitud. Una de las dificultades que se evidencia frente al compromiso político es la asimilación que se hace de esta práctica como ejercicio de corrupción. No se puede negar que durante décadas hemos sido víctimas de una práctica política que desfigura su sentido y condena a millones de seres humano a la miseria y la muerte. Basta con abrir las páginas de los periódicos para encontrar noticias supremamente dolorosas que nos hace perder la fe en emprender cualquier actividad política. Sin embargo, hay que volver la mirada sobre el sentido de lo político, hay que repensarla desde una dinámica diferente, desde alternativas que no sólo busquen el beneficio de los que se lucran de la pobreza ajena, sino de posibilidades comunitarias de satisfacción de las necesidades de la comunidad.

 El poder político debe pensarse  como el ejercicio supremo de la soberanía de la comunidad política, en otras palabras es la expresión de la voluntad comunitaria que aunada por el consenso orienta sus acciones hacia un horizonte de sentido que posibilite el desarrollo de la vida humana. Es así que el poder es de la comunidad y esta lo delega en el representante. (cfr. Dussel E. , 2009) La comunidad no  puede ceder, ni renunciar al ejercicio del poder, porque esto sería renuncia a su voluntad, lo que la dejaría en situación de muerte.  Reitero el poder supremo y soberano es de la comunidad, esto implica que para que la política tenga un ejercicio adecuado y no se deforme se necesita que la cada uno de los miembros de la comunidad participen en la decisiones que se toman, esto es la ciudadanía (Palta Velasco, 2011)

 La ciudadanía, entonces, no es otra cosa diferente a la participación activa, consciente y real de cada uno de los miembros de la comunidad. Sobre nuestros hombros recae la responsabilidad de un poder democrático. Si la comunidad renuncia a este deber, ella no solo es cómplice de la corrupción, sino que ella misma es corrupta. Asumir la ciudadanía es participar, esta es la única manera de superar los altos índices de corrupción política que observamos en la cotidianidad. La apatía, el desinterés y autismo político es el alimento del corrupto. Que miedo más grande para el representante corrupto que una comunidad consciente, crítica y participativa. Alejarme de toda forma de participación política es contribuir a la sociedad necrofílica que juega con los sueños de los niños y jóvenes. 

 La juventud del nuevo milenio tiene en sus manos la responsabilidad de asumir el poder político no como dominación, sino como ejercicio democrático, que reconoce el lugar del Otro y la importancia en la construcción de una nueva ciudadanía. Es la hora de los movimientos sociales que gestan transformaciones, por eso por encima de los colores y la banderas partidistas que han dividido el mundo con ideologías vacías de sentido político comunitario, ésta  la voluntad de vivir con plenitud, de desarrollar la vida que consideramos valiosa en unidad fraterna, solidaria, y comunitaria que lucha por la reivindicación de las necesidades de las comunidades.

 

 2.      La ciudadanía como compromiso de liberación

 Ser ciudadano es tener dolor de humanidad, es leer la realidad desde la otredad. No es lugar cómodo del estancamiento de la conciencia que no se atreve a cuestionar, ni a pensar. Pensarse como ciudadano, es pensarse como ser conflicto, no como estado de beligerancia, sino como  el evitar el acomodo frente al dolor ajeno. La ciudadanía es una praxis ética de indignación frente al sufrimiento, la pobreza y  la miseria; es un rechazo absoluto a la injusticia que genera dominación, opresión y muerte (cfr. Dussel E. , 1998). Ser ciudadano es asumir un compromiso de transformación  fruto del dolor de humanidad y la indignación de ver al hermano que sufre a causa de una sociedad mercantilizada, indiferente y egoísta.

 La ciudadanía no se puede reducir al obtener una cédula que nos permite ingresar a sitios antes restringidos para quienes son menores de edad, sino que es una actitud ética de compromiso social, de gestar cambios sencillos pero profundos. Ser ciudadano es una lucha permanente de liberación de las ataduras y sistemas de  dominación erótica, pedagógica, económica y política (cfr. Palta Velasco, 2011). Es la formación de la conciencia crítica, que lee el mundo y trasciende los eufemismos que disfrazan la realidad. Es la gesta que moviliza la comunidad hacia el horizonte de sentido y que labora por un mundo mejor.

 La conciencia ciudadana nos permite fortalecer la unidad porque nos saca de nuestro individualismo mercantil, intelectual, económico y nos vincula con el Otro hacia la  consolidación de un proyecto de país a partir del reconocimiento de nuestro lugar y el valor de nuestra participación. Ser ciudadano es la mano que se extiende para estrecharla hacia aquellos que luchan por un mundo más justo, solidario y fraterno. La conciencia ciudadana nace de la lucidez que ganamos al saber que el poder es nuestra facultad fundamental como comunidad de la brota todo ejercicio delegado del poder (Ver. Saramago, 2010).

 El compromiso de transformación como praxis de ciudadanía es un ejercicio de cotidianidad, no se puede confundir con la expresión folclórica de masas políticas que con grandes algarabías, quieren manifestar poder y grandeza. La ciudadanía es más que eso, es la acción simple del ser humano que entabla vínculos democráticos a partir del consenso, el reconocimiento y la participación (cfr. Palta Velasco, 2011). Es aquel hombre que con su trabajo honesto aporta el pan a sus  hijos; es la mujer que con valentía se sacrifica por educar a sus muchachos. Ciudadano es el ejecutivo que su corporación  no es sólo el lugar de producción económica, sino el espacio para el desarrollo de proyecto de vida. Ciudadano es el representante que asume su vocación de funcionario  público como una responsabilidad delegada por la comunidad. Ciudadano es ser consciente de mi lugar en la democracia no como elector autómata,  sino como agente de transformación.

3.      A manera de conclusión: proclama por una ciudadanía critica, justa y transformadora.

La comunidad política pide urgentemente cambios en la configuración de su estructura social, estamos cansados de muertes de niños y jóvenes por una guerra fratricida que no causamos, pero que padecemos. Estamos cansados del ver el sufrimiento de los padres y madres por sus hijos que mueren sin razón, ni sentido. Estamos cansado de la corrupción política que roba sueños e ideales: Nos duelen las lágrimas del campesino que reclama  con justicia el trabajar su tierra;  nos duele los  millones de niños sin escuela; sentimos en nuestras calles el dolor del desplazamiento y del desempleo. Sentimos el hambre del hermano que camina a nuestro lado, por eso decimos hoy ¡BASTA! Y lanzamos de este espacio una proclama que recorra cada rincón de nuestra tierra, que penetre con el aire a cada pulmón y vibre con sangre en cada corazón. Lanzamos una proclama  que reclame el justo derecho de vivir en plenitud en nuestra tierra, con nuestros hermanos, por eso hoy alzamos la voz al unísono, para gritar  que:

Renunciamos a toda forma de violencia, opresión y miseria que condena al hermano.

Rechazamos toda forma de dominación, que impide al espíritu humano volar con libertad.

Renunciamos a toda forma de corrupción que siembra muerte y desolación.

Rechazamos todo consumismo que reduce todo al egoísmo.

Y asumimos un compromiso por mi tierra latinoamericana desde La Patagonia hasta el Rio Bravo, por su pulmón amazónico, por su pampa Argentina. Por sus andes nevados, por su piel indígena, por su pueblo multicolor, por su hermandad latinoamericana, por mi pueblo colombiano, por su construcción como un pueblo justo, fraterno y solidario, porque nosotros hoy  hemos tomado conciencia que:

-          Somos jóvenes agentes de cambio y gestaremos la transformación social.

-          Somos dueños de nuestra historia y construiremos el futuro.

-          Somos ciudadanos de nueva humanidad y hemos decidimos la vida, la justicia y la paz

-          Somos comunidad juvenil luchando por el porvenir.

-          Somos conciencia crítica, activa y participativa

-          Somos la lucidez e irradiaremos el mundo con sensatez.

 

Porque somos la nueva ciudadanía crítica, justa y transformadora.

 

 Bibliografía

Aguirre Rojas, C. A. (2009). Mandar Obedeciendo: las lecciones politicas del neozapatismo Mexicano. Rosario-Argentina: Prohistoria Ediciones.

Dussel, E. (2006). 20 Tesis de Politica. México: Siglo XXI.

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Galeano, E. (1971). Las Venas Abiertas de América Latina. México: siglo XXI.

Laclau, E., & Mouffe, C. (2010). Hegemonía y estrategia socialista. Hacia Una radicalización de la democracia. Argentina: Fondo de Cultura Eacnómica.

Menchú, R. (1985). Me llamo rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. siglo XXI.

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Saramago, J. (2010). Ensayo sobre la Lucidez. Bogotá: Nomos Impresores.

Sartori, G. (2003). ¿Qué es la democracia? México: Taurus.

Zuleta, E. (1995). Educación y Democracia. Cali: Fundacion Estanislao Zuleta .

 [1] Texto elaborado para  el primer foro juvenil “Si nacimos pa Semilla- porque ser joven si aguanta” Organizado por la regional de Fe y alegría. Barranquilla y Santa Marta. El día 21 de Noviembre de 2013.

PALABRAS DE GRATITUD Y SENTIDO DEL TÍTULO DE POSTGRADO: A PROPÓSITO DEL GRADO DE MAESTRÍA.

PALABRAS DE GRATITUD Y SENTIDO DEL TÍTULO DE POSTGRADO: A PROPÓSITO DEL GRADO DE MAESTRÍA.

Willian Fredy Palta Velasco

 

Bienaventurados los que saben que detrás de todos los lenguajes se encuentra  lo inexplicable”

El libro de las Horas

Rainer Maria Rilke

 

 

En visperas de recibir el título de maestría en filosofía me embargan diversos sentimientos y rondan en mi cabeza varias ideas que quisiera compartir.  No puedo negar la satisfación que siento, sobre todo al ver el rostro de mis padres, llenos de felicidad y alegría que expresan que la perseverancia, el amor han podido dar frutos en nosostros sus hijos. Me motivan las palabras de mi hija que en su inocente expresión magnifica este pequeño logro. Tampoco puedo olvidar en este proceso a aquellas personas que siempre me animaron cuando las ideas no fluian, a mi esposa por su perseverante y paciente acompañamiento, a quien expreso mi gratitud infinita, a mis hermanos que animaron a seguir, a mis compañeros del seminario de investigación con los que reiamos para mitigar la dureza de las críticas. Hago un reconocimiento especial  a mis compañeros de trabajo porque con su exagerada confianza en mí y quienes con su amistad profunda siempre me acompañaron, fueron pacientes en los momentos más criticos de este proceso. A los que caminaron conmigo, a los que se alejaron en los momentos de necesidad, a los que me apoyaron incondicionalmente con sus silencios y todos aquellos que me expresaban sus palabras profundas que requerian una hermenéutica epistémica y existencial, gracias porque siento la alegría que me expresan por este momento.

Junto con esa alegría de tenerles a mi lado, me surge una inquientante sensación porque después  de algunos años de haber iniciado un recorrido investigativo, de haberlo llevado a cabo y sustentado, me surge una pregunta sobre el valor y significado de los títulos universitarios, porque asistimos a una sociedad aparente, que coloca sobre los formalismos el valor del conocimiento, pero aun más, es una sociedad que sostiene sobre sus hombros el mercadeo y la acumulación como valores primarios, lo que significaría que recibir un título se convertiría  automáticamente en el mejoramiento económico y se estudia en muchas ocasiones, no lo que más se desea, sino lo que más estabilidad económica genere, lo más triste es que es esta la movilización que permanece en las mente de muchos estudiantes y graduandos.

En mi ejercicio de maestro, considero que la educación es la posibilidad de superar toda forma de barbarie, es la expresión amorosa con la que podemos comprender el mundo, es la terca esperanza de los soñadores que anhelan la liberación del espíritu humano,  de aquello que le subyuga y no le deja volar libremente. Por eso recibir un diploma y en especial este, tiene la significación existencial de asumir un compromiso ético, más allá de estructuras económicas, exigencias currículares o certificaciones de calidad. El título no puede ser un  trofeo que se gana a partir de la eliminación del Otro, sino la oportunidad de comprender el mundo y gestar los procesos de humanidad. Por eso el valor de un nuevo título está en la felicidad que las personas sienten por este momento, en el compartir un abrazo sincero que trasciende y llega al alma, el valor del título lo descubro en el acontecimiento de ofrecer una mano que apoya y en un alma que se libera.

No considero como erróneamente piensan algunos amigos cercanos, que sea más inteligente, de ninguna manera, al contrario, hoy siento que es mayor mi ignorancia y a muchos de los que me manifiestan su admiración y respeto les considero personas y profesionales con profundas capacidades y una sabiduria que habita en sus almas. No puedo negarles que más que inteligencia lo que hay en mi es la terquedad y el sueño de un mundo mejor, no soy una persona inteligente, pero si una persona de esperanza que intento expresarla en el amor hacia aquellos que me rodean. He renunciado hacer las cosas solo por una remuneración económica y ante el valor de lo que cueste mi trabajo está el deseo de ser feliz con lo que hago, es decir,  que sea cada día más humano. Esa, considero, es la misión de la educación, por eso cuando inicié esta maestría no pensé en los beneficios económicos que pudiera obtener, sino en la satisfacción existencial  que me pueda generar. No se si vaya a ganar el examén de ascenso o tenga una retribución económica por el nuevo título, mi mayor ganacia son Ustedes, los que se han tomado un minuto para leer estas palabras, los que me han animado a seguir adelante, los que han confiado en mi. Son Ustedes mis mayores maestros, son ustedes quienes me han impartido sus mejores enseñanzas. Son Ustedes mi mayor riqueza. Por eso permíntanme decirles gracias, porque son Ustedes aquella estrella que orienta mi horizonte.

Quiero  invitarles a conservar el estudio, el aprendizaje y el saber como esa expresión natural de la búsqueda de sabiduria. Que volvamos la mirada al rostro del Otro que acompaña nuestro caminar, que no renunciemos a la loca tarea de soñar y construir un mundo mejor. No demos la espalda a la felicidad,  no es el momento de renunciar,  ni de decir adiós  a aquellos ideales. Une tu mano junto a la mía y sintamos la fortaleza de seguir adelante, no nos dejemos amedrantar por el miedo que ata nuestro espíritu, ni por una sociedadnecrofílica  que pregona el capital y la acumulación como el valor supremo. Luchemos cada día por un mundo mejor, esa es la mejor enseñanza que recibi de Ustedes en estos años de maestría y que alienta mi caminar, soy terco y no renuncio a lo que amo que es mi vocación de maestro que acompaño desde la cercanía o la lejanía según el caminar de cada uno.

Finalmente, excusen si estas palabras carecen de profundidad epistémica, pero recogen mi sentir en este momento, es la forma de rechazar una educación mercantil, industrializada que roba los sueños y reprime el deseo humano. Esta es mi forma de agradecer de manera sencilla y es también mi forma de rechazar toda injusticia que oprime el espíritu libre y soñador, es el llamado a transformar la escuela en espacios de amor y felicidad, es el clamor a Ustedes, que les necesito y que quiero seguir contando con cada uno, por eso les ofrezco este título como signo de gratitud

Willian Fredy Palta Velasco

Noviembre 15 de 2013

DE LA MASIFICACIÓN A LA DEMOCRATIZACIÓN: UNA APUESTA ÉTICA Y POLÍTICA PARA SUPERAR LA EXCLUSIÓN

DE LA MASIFICACIÓN A LA DEMOCRATIZACIÓN: UNA APUESTA ÉTICA Y POLÍTICA PARA  SUPERAR LA EXCLUSIÓN

Willian Fredy Palta Velasco


En todos los países el discurso político y social reitera la importancia de la educación como herramienta substantiva para el desarrollo económico de nuestras sociedades. Paradójicamente los recursos dedicados al sector educativo son escasos, mal distribuidos y con pobre eficiencia.

 Pensamiento de Fe y Alegría.
Documentos  de los congresos Internacionales 1984-2007

 

Una problemática que se viene presentando con mucha frecuencia en los procesos de Educación Superior (ES), tiene que ver con la cobertura y la inclusión de la población al sistema escolar, a tal punto, que cobertura e inclusión se constituirán en criterios determinantes de la “calidad” de la ES. Es en esta medida que la Instituciones de Educación Superior (IES) y con ellas las política públicas han implementado estrategias para responder a esta exigencia con eficiencia y eficacia. Sin embargo,  podemos lanzar la tesis que se pretende sustentar y es que  estas estrategias de inclusión, no son propuestas propiamente democráticas, sino que corresponden a mecanismo de masificación, un primer elemento para sustentar esta afirmación es que aunque minimiza algunos efectos de la exclusión, no responder a dinámicas de reconocimiento y promoción de capacidades de los agentes[1] afectados por dichas prácticas. En este sentido sigo el planteamiento de Ingrid Sverdlick, Paola Ferrari, Analía Jaimovich cuando afirman que:

La reforma de los 90 es una clara muestra de cómo la ampliación de los sistemas de educación, en términos de cantidad de instituciones, proliferación de títulos, e incluso, aumento absoluto de la matrícula, no representa una democratización en los sistemas educativos; en particular si nos referimos a la composición del estudiantado. Analizar la amplitud del acceso a la educación superior requiere ponerla en el contexto de la sociedad de la cual forma parte y de las políticas públicas en general y educativas en particular que inciden sobre el sistema educativo. Es decir, requiere considerar aquellas políticas de estado e institucionales que incluso pueden ser determinantes para el acceso de diversos sectores sociales a los niveles educativos más altos. (Sverdlick, Ferrari, & Jaimovic, 2005, pág. 6)

Se puede evidenciar que  el incremento en la matrícula y la inclusión de personas en el sistema, ya sea por acciones afirmativas u otras políticas, no responde a las problemáticas propias de los sistemas inequitativos, desiguales y excluyentes, para ejemplificar esta afirmación, nos podemos referir a Kathya Araújo cuando afirma que 

 Se propone entender que el caso de las mujeres constituye un ejemplo expresivo del hecho que resolver el acceso a la educación superior por una ampliación en la participación no es sinónimo de resolución de inequidades, esto es, que la mera ampliación de la matrícula de sectores excluidos es insuficiente para resolver el problema de equidad. (Araújo, 2006, pág. 207)

Esto es que existen una serie de situaciones que afectan las prácticas equitativas que promocionen al ser humano independiente de su condición  económica, social, étnica o cultural. Esto nos lleva a afirmar que en la ES se ha disfrazado bajo el eufemismo de  democratización, la masificación, es decir, que el aumento de la matrícula no corresponde a una satisfacción de las necesidades, coherente con las carencias que la realidad presenta. Esto es que se reduce sólo al aumento de la matrícula y aumento de cupos, pero siguen existiendo las condiciones que mantienen la inequidad. Esto aparece claramente en los estudios  referentes a la matrícula, cuando presentan las cifras sobre quienes ingresan (procedencia, nivel de ingresos económicos, género y su relación con las carreras que eligen) (Cfr. Araújo, 2006, pág. 185). Igualmente, la relación de escogencia de carreras depende de unos condicionamientos sociales, tanto en sus imaginarios, como en las condiciones de ingreso familiar.

Para afrontar esta situación se debe abordar desde la consolidación de políticas públicas orientadas a la IES, que trascienda la cobertura como masificación y se transforme en cobertura como proceso de democratización. Esto implica para el caso colombiano revisar las pruebas de Estado(pruebas saber 11) que no corresponden a políticas equitativas, generando exclusión e invisibilización de un sector mayoritario en la educación pública, dificultando el ingreso a personas de escasos recursos a universidades privadas. Se requiere una prueba que no sea desde el paradigma de igualdad de derechos, sino de equidad de oportunidades y desarrollo de capacidades, es una revisión a la apuesta ética y política  que rige la IES. Este proceso de democratización implica del consenso de la comunidad de determinar el tipo de educación que considera valiosa, lo que requiere de una participación real, efectiva y simétrica de cada miembro de a comunidad y esto exige del reconocimiento de la persona desde su humanidad y no desde su representación económica para el sistema escolar.

Bibliografía

Araújo, K. (2006). Aportes desde los estudio de género al debate sobre equidad en la Educación Superior. En K. Araújo, Caminos para la Educación Superior en Chile (págs. 215-228). Santiago- Chile: Fundación Equitas.

Fe Y Alegría. (2008). Pensamiento de Fe y Alegría. Documento de los congresos internacionales 1984-2007. Caracas: Federación Internacional de Fey Alegría.

Sen, A. (2009). Desarollo y libertad. Bogotá: Planeta.

Sverdlick, I., Ferrari, P., & Jaimovic, A. (2005). Desigualdad e inclusión en la educación superior. Un estudio comparado en cinco países de América Latina. Buenos Aires: Laboratorio de Políticas públicas de Buenos Aires.  



[1] Asumo los término capacidades y agentes siguiendo la propuesta de Amartya Sen en Desarrollo y Libertad (2009)

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LA EDUCACIÓN COMO PRAXIS TRANSFORMADORA: UNA APUESTA ÉTICA MÁS ALLÁ DE LA INCLUSIÒN

LA EDUCACIÓN COMO PRAXIS TRANSFORMADORA: UNA APUESTA ÉTICA MÁS ALLÁ DE LA INCLUSIÒN

Willian Fredy Palta Velasco

América latina está sometida a planes de ajuste estructural promovidos por instituciones finacieras multilaterales, en los que se anuncian y promueven una visión macroeconómica, sustentada en equilibrar las cuentas nacionales, especialnmente las relativas a la balanza comercial y reducir los déficits fiscales. Los programas de ajuste estructural de las economías traen como consecuencias, al menos en corto plazo, efectos negativos sobre la realidad social de las mayorías empobrecidas. Estas consecuencias se agudizan dada la poca capacidad de los estados y las sociedades para aplicar y desarrollar políticas sociales y económicas compensantoria. (…) La realidad educativa está marcada por la promoción de reformas educativas promovidas desde los estados con la participación y apoyo del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo. Reformas que se sustentan en la descentralización, la promoción de la cobertura escolar, la mejora de las instalaciones físicas e intentan la promoción de la calidad educativa en un ejercicio de equidad. Las reformas educativas, sin embargo, tienen un signo coherente con el modelo de globalización y apertura de los mercados económicos. En todos los países el discurso político y social reitera la importancia de la educación como herramienta substantiva para el desarrollo económico de nuestras sociedades. Paradójicamente los recursos dedicados al sector educativo son escasos, mal distribuidos y con pobre eficiencia.

Pensamiento de Fe y Alegría.

Documentos  de los congresos Internacionales 1984-2007

Nada más peligroso en la educación que los eufemismos y las modas, pero peor aún cuando los eufemismos se convierten en el discurso de moda, es precisamente esto lo que sucede con la inclusión, que desde hace un buen tiempo ha hecho parte del lenguaje político y de los discursos educativos, en el cual hemos hecho uso de él y hasta lo establecemos como distintivo de nuestras instituciones y prácticas, sin embargo quisiera hacer algunas preguntas en voz alta al respecto, no tanto porque tenga respuestas, sino para pensar un camino a seguir desde una propuesta educativa coherente, ética y transformadora.

 Una primera pregunta que quisiera dejar plasmada es ¿qué es educar? ¿Cuál es su finalidad? La educación es una praxis de humanidad, en otras palabras, como lo indica Pérez Esclarin Educar es humanizar (2004) esto es potencializar el espíritu humano, sacar de adentro los valores que hay en cada ser, posibilitar el alma humana hacia la creación de nuevas realidades, es la posibilidad de superar lo inhumano, la barbarie y la exclusión. Esta praxis de humanidad exige de la proximidad, del encuentro con el Otro, es tener la capacidad de reconocerle como corporalidad viviente que sufre los efectos negativos del sistema (Cfr. Dussel, 1998).  Es precisamente la conciencia de esta realidad de víctima la que nos obliga a superar la mera transmisión de conocimiento y generar espacios de humanidad. No podemos disfrazar detrás de los eufemismos la condición de víctima y las situaciones que generan dicha condición. Humanizar es ser sensible frente a la injusticia, el dolor, el sufrimiento y provocar su transformación (Cfr. Meier, 2009)

 Si afirmamos que educar es humanizar su finalidad debe estar orientada hacia tres acciones que constituyen el carácter mismo de educar: i) Trascender que es tocar el alma de los jóvenes y llenarlas de sueños, ilusiones, esperanzas y alegrías,  ii) Liberar que es abrir los caminos y potenciar el espíritu humano hacia la búsqueda de un estilo de vida autónomo, coherente y transformador y iii) Amar que es asumir una causa por la que se esté dispuesto a dar la vida. Esa es la tarea de educar.

 Una segunda pregunta que quisiera plantear es ¿qué es inclusión? Una primera aproximación para responder es presentarla como antónimo de exclusión o traer hacia adentro algo que permanece en la exterioridad, siguiendo esta idea, me surgen otras inquietudes ¿quiénes y por qué están afuera? ¿Cuál es la realidad de ese adentro? ¿Para qué estar adentro? En un proceso industrializado,  esto está orientado por protocolos estandarizados, que resolvería estas inquietudes si llegasen a presentarse. Pero en los procesos educativos que son procesos humanos y de humanidad ya no es tan obvio esta situación, aunque se haya querido estandarizar los procesos humanos y protocolizarlos industrialmente bajo el eufemismo de "calidad".

 La educación como acto humanizador exige al hablar de inclusión, no sólo comprenderla como un acto de traer hacia dentro algo o alguien, como si esto resolviera el problema. Pareciera que toda la solución fuera incluir al que está fuera en un sistema o realidad, sin detenerse a pensar en las realidades del que se desea incluir, ni las condiciones de la situación en la que se piensa incluir. Todo se reduce como el meter en la bolsa para ocultar una realidad. Sin embargo, permítanme detenerme un momento frente  a esta situación y preguntar ¿cuál es el lugar educativo hoy? ¿Es un lugar adecuado para todos? ¿Cualquier persona puede ser incluida en cualquier realidad? Los estudios sobre las reformas educativas que se vienen generando en América Latina han mostrado que la problemática de la inclusión, no se puede reducir al simple acceso al sistema formal o de cobertura de la población, tal como lo expresa Ingrid Sverdlick,  Paola Ferrari,  Analía Jaimovich cuando afirman que:

La reforma de los 90 es una clara muestra de cómo la ampliación de los sistemas de educación, en términos de cantidad de instituciones, proliferación de títulos, e incluso, aumento absoluto de la matrícula, no representa una democratización en los sistemas educativos; en particular si nos referimos a la composición del estudiantado. Analizar la amplitud del acceso a la educación superior requiere ponerla en el contexto de la sociedad de la cual forma parte y de las políticas públicas en general y educativas en particular que inciden sobre el sistema educativo. Es decir, requiere considerar aquellas políticas de estado e institucionales que incluso pueden ser determinantes para el acceso de diversos sectores sociales a los niveles educativos más altos. (Sverdlick, Ferrari, & Jaimovic, 2005, pág. 6)

 Tal como afirman las autoras referenciadas, el acceso al sistema educativo formal, no es un elemento determinante de la inclusión si persisten las condiciones que generan la exclusión y la invisibilización. Es necesario superar la idea de democratización como sinónimo de masificación. Debemos repensar la democracia como un ejercicio de consenso, participación simétrica y reconocimiento de cada uno de los miembros de la comunidad desde su igualdad diferenciada, esto es que cada ser humano expresa su voluntad de vida y la manera como considera valiosa la manera de vivirla y aunada por el consenso en comunidad se llega a la voluntad general y se gestan las mediaciones para satisfacer las necesidades de la población (cfr. Palta, 2011). Cuando se masifica la educación se corre el riesgo de invisibilizar al Otro convertirlo en una estadística que en nada resuelve su condición de exclusión.

 Cuando una persona vive una condición de víctima, es decir, es excluida por una situación determinada, lo importante es reconocer lo que genera la exclusión y posibilitar la eliminación y la superación de aquellas situaciones que generan la condición de víctimas. Incluir desconociendo esto radicaliza la condición de víctima, porque quien padece dicha negatividad (la exclusión) quedaría inmersa en una realidad excluyente e injusta y se reduce la inclusión como el estar adentro, aún más si este nuevo espacio experimenta situaciones de injusticia la víctima vive su exclusión a través de la inclusión.

 La condición de víctima surge porque se padece una injusticia, una necesidad no resuelta. Incluir en sí misma no resuelve el problema, ni satisface las necesidades de la comunidad. Ahora bien, es menester aclarar que la superación de las condiciones de exclusión no es una acción externa, ni  generada por agentes externos de la comunidad,  sino que ésta se debe dar en el seno de la comunidad de víctimas porque ésta es el actor colectivo de la liberación. Y esto sólo es posible a través de la transformación de la situación de injusticia que genera la condición de Víctima de la exclusión. Deseo expresar aquí una ide,  que a mi manera de ver, sería una relevante conclusión, la exclusión es una poblemática estructural. Requiere de profundo cambios sociales, no es asunto sólo del ámbito educativo, sino que requiere de acciones sociales que transformen las realidades generadoras de la exclusión. Eso si reconozco que la educación ofrece un aporte invaluable y relevante, pero no se puede pensar el asunto sólo desde la escuela. Por tanto, la educación debe empoderar la conciencia que geste la transformación de las realidades de injusticia, esto le configura a la educación su carácter, su apuesta ético -político. La educación humanizadora debe develar las injusticias que disfrazan tras eufemismos y políticas asistencialistas que sólo busca la dependencia de la víctima con su opresor. En conclusión, no basta sólo con incluir, sino que se requiere de una acción transformadora, una apuesta ética de una praxis humanizadora y liberadora.

Bibliografía

Dussel, E. (1998). Ética de la liberacion en la Edad de la globalizacion y de la Exclusión. México: Trotta.

Fe Y Alegría. (2008). Pensamiento de Fe y Alegría. Documento de los congresos internacionales 1984-2007. Caracas: Federacion Internacional de Fey Alegría.

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI.

Meier, C. (2009). La Educación a la Luz de la Pedagogía de Jesús de Nazaret. Bogotá: Paulinas.

Palta Velasco, W. F. (2011). El consenso fruto de la participación y el reconocimiento: fundamento del principio democrático. En XVI Congreso Internacional de Filosofía (págs. 1242-1261). México: AFM.

Pérez Esclarín, A. (2004). Educar para humanizar. Madrid: Narcea.

Sverdlick, I., Ferrari, P., & Jaimovic, A. (2005). Desigualdad e inclusión en la educación superior. Un estudio comparado en cinco países de América Latina. Buenos Aires: Laboratorio de Políticas públicas de Buenos Aires.

DEL COMUNICADO A LA COMUNICACIÓN: LA REVOLUCIÓN EN EL ACTO DE EDUCAR.

DEL COMUNICADO  A LA COMUNICACIÓN: LA REVOLUCIÓN EN EL ACTO DE EDUCAR.

La educación se torna en un acto de depositar, en que los educandos son depositarios y el educador el depositante.En lugar de comunicarse, el educador hace comunicados y depósitos que los educandos, meras incidencias u objetos reciben pacientemente, memorizan y repiten. He aquí la concepción bancaria de la educación, en la que el único margen de acción que se ofrece a los educandos es el de percibir los depósitos, guardarlos y archivarlos

                                   Paulo Freire

 

El quehacer pedagógico ha estado marcado por la búsqueda de excelentes niveles académicos por parte en los educandos. La pregunta  constante es ¿cuáles son los saberes que se requieren en cada una de las áreas del conocimiento para conseguir este propoósito? Interrogante que marca el inquietante deseo de que nuestros jóvenes “sean mejores estudiantes”. Sin embargo, pareciera que los esfuerzos docentes para alcanzar este propósito fueran insuficientes, aún más cuando la apatía, la desatención, la indisciplina y el desinterés son las actitudes más frecuentes que maestros y padres evidencian por parte de los educandos.

 En el acto de educar,  que es un acto entre personas que se comunican, pareciera que algo no está bien. La comunicación exige de tres elementos básicos: emisor, mensaje, receptor, que deberia el receptor convertirse en emisor (en la educación esto es obligatorio). La ética del discurso habla de una comunidad de comunicación como “la condición necesaria de la argumentación, en una comunidad lingüística de comunicación en el que dicho reconocimiento permite éticamente al argumentante tomar seriamente al otro y gracias a ello aceptarle su razón” (Apel, 1992, pág 11) pero esta comunidad de comunicación que plantea Apel, se queda en el plano de la comunicación del lenguaje, donde lo relevante está en el mensaje (discurso). En el campo educativo podriamos decir con Freire, que el maestro hace “comunicados” (Cfr. Freire, 2011) es decir, enuncia un discurso lleno de saberes técnicos, académicos que el estudiante debe saber, pero este “discurso”  no llega al emisor en la forma  que deberia, porque nos olvidamos que que el receptor es un agente, una corporalidad viviente, que sufre los efectos negativos del sistema: hambre, frio, soledad, necesidad de afecto, entre otros. Y lo convertimos en un “receptáculo” que debe aprender el discurso (comunicado) enunciado, no hay , por lo tanto,  un diálogo, una comunicación, entendida ésta como el encuentro entre personas, una relación simétrica. La comunicación aquí , no es sólo la expresión del lenguaje verbal, sino el encuentro existencial con el Otro.

 La invitación es a cambiar nuestra mirada, dejarnos interpelar por la palabra viva del Otro, que expresa una vivencia, un saber y una experiencia frente a la palabra emitida por el maestro. La palabra en la comunicación pedagógica no es un vaho que se enuncia, sino una existencia que se realiza. Negar la posibildad del diálogo, es renunciar al acto educativo para convertirlo en un acto dominador que adoctrina la mente y mata el espíritu.

 El maestro debe dejar de emitir  comunicados y pasar  a la comunicación diáfana, franca y sincera que nos permita comprender la presencia del Otro. Es una revolución pedagógica que nos obliga a pensar a nuestro lugar, como diria Freire es sacar el “opresor” que  habita en nuestro interior (cfr. Freire,) y abrirnos a una practica de proximidad de salir al encuentro del Otro.

 Es asumir la actitud obediente (como capacidad de escuchar al Otro) para comprender que el problema del rendimiento escolar, no es tanto un problema cognitivo, ni de saberes y conocimiento, sino un problema de afectos, de comprensión de su sentido existencial. Promover el diálogo es promover la emancipación del espíritu humano, es provocar y motivar  para sacar de adentro aquella utopia que aguarda el espíritu humano. Finalmente, negar la posibilidad del diálogo es negarle la existencia y la realización del Otro.

Bibliografía

Apel, Karl-Otto, Enrique Dussel, y Raúl Fornet. Fundamentación de la ética y filosofía de la liberación. México: Siglo XXI editores, 1992.

Freire, Paulo. La educación como práctica de la libertad. Mexico: Siglo XXI, 1985.

—. Pedagogía de la esperanza. México: Siglo XXI, 2011

—. Pedagogía del Oprimido. México: siglo XXI, 2005.

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LA IMPORTANCIA DE LA FORMACIÓN INFANTIL, PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA SOCIEDAD

 Willian Fredy Palta Velasco

Sandra Patricia Carvajal Mendez

 “La infancia nos preocupa, como nada en la vida. También en la academia. No hay campo disciplinar que no se haya ocupado de la infancia: sociología de la infancia, filosofía de la infancia, historia de la infancia, psicología de la infancia, literatura infantil... Hemos situado la infancia en el centro de nuestras preocupaciones. Entre todas, hay dos áreas que se muestran más fuertemente activas: la historia y la psicología. El dato no deja de ser curioso para una época que buscó decretar – ¿ilusoriamente? - el fin de la historia y la muerte del hombre”.                                                                                                                      WALTER KOHAN  

Es claro que la infancia ha ocupado un lugar privilegiado en nuestro proceso escolar, lo triste es que siempre se ha visto como el receptor de una educación, donde en muchas escuelas prima la sentencia latina “Magíster dixit”, es decir que en nuestra educación no se ha tomado a los niños como gestor de su proceso, porque se presume de “una sabiduría adulta” y se sospecha de “una ignorancia infantil” que nos obliga a “Enseñar” datos para sacarlos de la ignorancia innata. Y esto ha llevado a robarles la voz a los niñ@s en las aulas de clases. Y aunque se están gestando movimientos para orientar otra perspectiva de educación, predomina la anteriormente mencionada. El pequeño infante, hay que aclarar, que no es un ente pasivo en el ejercicio enseñanza -aprendizaje, sino que es el más activo de lo que nosotros los adultos podamos pensar. Además son ellos el punto central e importante de nuestro quehacer pedagógico.  Por eso hay que repensar las relaciones y las cosmovisiones frente a los niñ@s, para no enseñar desde nuestras necesidades sino desde la necesidad de los niños y de sus significaciones, para ellos es necesario enaltecernos al lugar de los infantes y viajar por sus mundos, algunos imaginarios, pero todos muy reales, de sus sueños y perspectivas. Hay que devolverles las posibilidades a los niñ@s. Devolver posibilidades implica mirar con nuevos ojos a los niñ@s. Y la escuela no puede entrar en una competencia, en nombre de la calidad, donde se someten a los niñ@s a exhaustivos procesos y presiones para aprender contenidos, como si la educación se centrara únicamente en la adquisición de conocimientos, dejando atrás y robando espacios para ejercicio pleno de la niñez. La educación es ante todo un encuentro con el otro como otro, como interlocutor valido, con unas características especiales, solo así podremos educar para el futuro, pero no un futuro con visión de adulto sino de vivencias, de sueños, de ideales. Un futuro con principios de equidad, respeto y solidaridad, solo si educamos al niñ@ con respeto y libertad, sin imposición de autoritarismos pedagógicos, con claros y sanos conceptos de autoridad, autonomía, fraternidad, tendremos niñ@s, jóvenes y adultos, con anhelos de vivir, y promover relaciones justas y ejerciendo actitudes de buen trato, en la tolerancia. “la educación infantil es uno de los lugares privilegiados para educar a las niños, para formarlos, entendida la formación, de forma dominante, como un otorgarles las habilidades, capacidades y valores que harán de ellos los ciudadanos democráticos que nuestras sociedades necesitan y la escuela está llamada a educar. Las ideas sobre la infancia aquí presentadas tal vez nos ayuden a encontrar un nuevo modo de pensar la educación infantil, un nuevo inicio para la educación de la infancia. Sería algo así como una infancia de la educación infantil”[1]. En la educación preescolar y en los primeros años de la básica primaria debe trabajarse mas desde la realidad de los niños, desde una pedagogía de la ternura, donde nos aparezca otra cosa que los niños como los agentes dinamizadores, como esencia del proceso enseñanza – aprendizaje. La escuela debe convertirse en un espacio lleno de significación para el niño no por lo que hace, sino por lo que es.  “lo importante es proporcionarle [al niño] un ambiente tal que desaliente formas de conducta negativa, al tiempo que alienta las formas de conducta que lo lleven al ideal de la razonabilidad” [2]  Sin embargo,  no podemos centrar la responsabilidad en los maestr@s de pre- escolar   y de los primeros años de escuela, sino que en este proceso de ofrecerle a los niñ@s posibilidades   y de llenar de significación la escuela  como espacio privilegiado para el desarrollo de habilidades y competencias, requiere de una interiorización de toda los campos de la comunidad educativa, que entran en comunicación con el niños y que se reconozca que como proceso que se debe estimular en todos los niveles de su vida escolar   El ejercicio docente desarrollado con compromiso, vocación y entrega ha proporcionado a la sociedad personas sanas, amantes del ejercicio de reflexión y concientes de que su proceso educativo trasciende aspectos cuantitativos y espacios escolares para complementarse en las relaciones cotidianas como ser sociable. Además no se puede olvidar el papel inaplazable e ineludible de la familia pues es en ella donde se desarrolla el verdadero proceso de formación. Por eso este ejercicio se hace generando conciencia al interior de las familias de los niños, pues, solo en este ejercicio concomitante podemos tener una sociedad, una nación y un futuro con principios de libertad y justicia, es decir una nueva sociedad. Finalmente no podemos olvidar que este ejercicio de educación en preescolar sus frutos y su función social se contactan en el futuro, como diría Sócrates “Educa al niño y no tendrás que castigar al hombre”[3] por que nuestros niñ@s serán el adulto del mañana.



[1] KOHAN, Walter. Memorias. III encuentro Latinoamericano  FpN. Manizales 2004

[2] DE LA GARZA, Maria Teresa., España 1998, pg 135

[3] PLATON, diálogos. Porrua 1986

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