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WILLIAN FREDY PALTA VELASCO

Maestros constructores de nueva humanidad

Maestros constructores de nueva humanidad

 

Willian Fredy Palta Velasco

willianpalta@gmail.com 

 

El ejercicio pedagógico en nuestra realidad colombiana experimenta momentos dramáticos, debido a que desde algunos sectores sociales se le quiere condenar a repetir los discursos hegemónicos, o de lo contrario reciben la censura y la crítica injusta. No obstante, la vocación de asumir el rol de maestro y maestra trasciende cualquier adversidad sea natural, social, política o económica.

La praxis pedagógica encierra un compromiso ético reservado a seres capaces de ver al mundo con otros ojos, a quienes son capaces de descubrir la belleza en medio tantas tragedias e injusticias. A quienes albergan en su ser la entereza para seguir buscando cada día nuevos horizontes. Por eso, los vemos, cada día, buscando alternativas para calmar el dolor y cambiar la tristeza. Son ellos y ellas los que no se quedan en las aulas, sino los que caminan por las calles buscando dignidad y justicia.

Los maestros y maestras son personas con un profundo sentido de humanidad, los he visto cada día preocupados por las realidades de sus estudiantes, y he notado como se les escapan lágrimas, al escuchar las historias de vida de los estudiantes que experimentan dolor y tristeza. Los maestros y maestras profesan una vocación de escucha y proximidad. Son seres de profunda espiritualidad que van cada día estableciendo vínculos afectivos, con quienes comparten sus vidas en ese espacio mágico que es la escuela, colegio o universidad. No importa el lugar donde estén, porque lo importante es, que con su presencia irradian de esperanza el lugar más lúgubre.  Los maestros y maestras, entonces, son seres con una profunda sensibilidad para comprender el valor de una mirada y la fuerza recreadora de una sonrisa.

En el corazón y en la mente de los maestros y maestras se alberga una fuerza transformadora que hace renacer el amor y renueva la esperanza. Los he visto salvar vidas de manera silenciosa; son héroes anónimos que construyen nueva humanidad. Su ejercicio profesional no busca el privilegio, la fama, ni la popularidad, porque en su ser habita una fuente insondable de sabiduría y una llama iluminadora que anima a seguir nuevos amaneceres ¿Qué sería de una sociedad sin los maestros y maestras? No sería más que el imperio de la desesperanza, de la muerte y del sinsentido. Porque son ellos y ellas la consciencia critica de una sociedad, que prefiere la apariencia y la hipocresía, que deambula contenta con una doble moral que valora el engaño y la falsedad, por eso se le quiere condenar y censurar porque su quehacer confronta la injusticia y no se amaña con la corrupción.

 De aquí se desprende el compromiso ético y político de la praxis pedagógica que implica una actitud de cuidado y promotor de sentidos de vida como características esenciales del proceso de aprendizaje. En este sentido, es importante recordar que el maestro y la maestra no son burócratas del conocimiento, sino que son seres humanos promoviendo espacios de paz y fraternidad.  Somos artesanos, músicos, pintores, escritores, poetas, académicos, científicos, filósofos, matemáticos, y muchos más; somos creadores y recreadores de sueños, ilusiones, esperanza y de sentidos de vida.

 

La praxis de maestros y maestras, entonces, se puede comprender como un acto de permanente recreación, esto significa entre muchas cosas dos situaciones en especial: i) que el quehacer pedagógico es un tiempo para el ocio (σχολή , que es el significado griego de escuela o del latín Skholè ), esto implica reconocer que la praxis pedagógica es un momento privilegiado de reflexión, meditación que está mediada por la  recreación,  que puede entenderse como diversión, pasarla bien, estar alegre. Desde esta perspectiva la educación es un acto que busca la felicidad y el bienestar, en otras palabras, que seamos cada vez mejores seres humanos.  ii) Un segundo sentido que podemos hacer de recreación es volver a crear, (re- crear). En el hebreo, el verbo בָּרָא (Bará) solo se asigna a Dios como el único capaz de crear de la nada; siguiendo una lectura Judeocristiana basado en la creencia que Dios ha creado al ser humano a su imagen, significa que los maestros y maestras también compartimos de su ser divino, porque hoy seguimos renovando, cuidando y amando la creación. Nuestras acciones como maestros y maestras son, entonces, nuevos actos de creación, porque es una praxis re-creadora de nueva humanidad. Por eso, donde hay un maestro o una maestra encontraremos un ser comprometido con la tarea de transformar la injusticia, la tristeza y el dolor. Finalmente, podemos decir que los maestros y maestras somos conscientes que tenemos el desafío ético-político de conservar la esperanza y no dejarnos robar la paz por aquellos que no valoran nuestra labor y que cada día quieren desconocer que, en la praxis pedagógica  se encuentra la magia de hacer florecer de alegría los corazones de los niños y niñas y en esas sonrisas se albergan sueños e ilusiones con los que cada día transformamos el mundo en un espacio con sentido de humanidad.

Feliz día Maestros y Maestras.

Reciban mi admiración y respeto en este día

Mayo 15 de 2019

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